“Violeta”


En Cartagena,  los procesionistas somos identificados, claramente, por el color. Por el color característico de cada una de  nuestras cofradías procesionistas. Así, el blando  es evidentemente “propiedad” de la cofradía del Resucitado; el negro , de la del Socorro; el rojo es inequívocamente californio y el violeta ( morado)  casi patrimonio exclusivo de los “Marrajos”.

Si bien  todos nosotros llevamos grabado en el ADN esos colores identificativos, la situación actual obliga a alguna reconsideración.

Si los californios, con nuestro “rojo rutilante” fuimos capaces de superar varios decenios en los que pronunciar públicamente que ”uno era rojo”  constituía un riesgo socio-político, aunque se añadiera al final lo de californio; en la actualidad,  nuestros “ primos-hermanos”, los marrajos pueden sentirse afectados en su identidad. Y es que ellos, amparados por el color penitencial, tan profuso-entonces, claro-  en esta época cuaresmal, no sufrieron ninguna “sospecha” en ese sentido.

Ahora las “sospechas”( o la identificación)  con respecto al color morado se han manifestado en dos cuestiones de rabiosa actualidad: el partido político de extrema izquierda  que lo exhibe  como signo identificativo inconfundible.  Y, por otro lado, el utilizado, también profusamente, por las organizaciones feministas que las han exhibido   en el Día Internacional de la Mujer.

Tal vez, para salvaguardar  la neutralidad política  en una asociación plural en, lo político y social; y también para eludir la presunta  alienación con las políticas de género, los marrajos, nuestros queridos  “primos-hermanos” se vean tentados a cambiar de color… aunque,como alternativa favorable está el que los miembros del partido político aludido   y las de las organizaciones feministas se hagan procesionistas, aunque sean marrajos.


Un artículo del Dr. Carlos León Roch

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