Artículo del Dr. Carlos León Roch

En las instituciones civiles y militares, en sus edificios, y en el ayuntamiento de mi ciudad están- siempre izadas- las banderas que corresponden y que identifican: la de la ciudad, la de la comunidad autónoma, la de la UE y la de España. Todas ellas representan la vinculación de sus ciudadanos, de sus habitantes, de sus hombres y mujeres a esos proyectos de vida en común que sus colores y dibujos representan.  Y representan también el propósito decidido de sus regidores en fomentar  esas instituciones, en velar por su desarrollo, en involucrarse  en su progreso. La mejora y sostenimiento de la ciudad, de la Comunidad Autónoma, de la Nación y también del incipiente e inestable proyecto unitario europeo, se manifiesta en esas banderas, que ondean en las puertas y frontispicios de sus edificios.

También hay ocasiones en las que unas astas deshabilitadas normalmente,  lucen banderas  que, si bien no representan a toda la población ( como  sí lo  son las mencionadas  anteriormente), constituyen actividades  ancestrales o motivos de extensa participación ciudadana ; actividades en las que participan gran número   de ciudadanos , entre el aplauso  del resto… y la indiferencia de unos pocos.  Entre nosotros, los ”cartaginenses”, ver las banderas de Marrajos, Californios, Resucitados o del Socorro, en los días próximos a Semana Santa ( o inmediatamente posteriores como ahora) , constituye una  acrisolada costumbre que todos contemplamos como  saludable. Algo similar ocurre cuando,  ”después del verano”, las banderas de las ”tropas y legiones de cartagineses y romanos” ocupan esas astas. También el ayuntamiento, conocedor de la vinculación ciudadana a esas actividades, las hace suyas y, con  ese acto de  izarlas, participa en su promoción.

Todas esas banderas representan actitudes y actividades positivas, que no provocan rechazos sino aplausos generalizados o, si acaso, simple indiferencia.

Provocaría sin embargo, irritación y repulsa, si nuestras instituciones izaran solo la bandera de los marrajos (permítaseme el ejemplo de mis buenos hermanos morados, aunque algo inoportuno en estos días electorales), con los que los californios y el resto de  las cofradías nos veríamos menospreciados o pospuestos, sin dejar de reconocer que los marrajos tienen derecho a ostentar su identidad.   Y algo similar ocurriría si solo se enarbolara la bandera de los romanos, en las Fiestas septembrinas.

Porque no todos somos (son) marrajos, ni “romanos”. Ni siquiera son mayoría.  Y los que somos californios, cartaginenses u de otras identidades, aceptamos las banderas que   otros lícitamente enarbolan, pero cuando contemplamos la fachada de nuestro bello ayuntamiento queremos sentirnos representados en sus banderas.

Hoy, en el frontispicio de nuestro bello ayuntamiento hay izadas cinco banderas: Cartagena, CARM, España y UE. Y también otra, multicolor, que representa una parte     (se presupone que No Mayoritaria) de diferentes y reconocidas opciones sexuales, con lo que esas opciones-antes denigradas- segregan y discriminan a “otras “opciones supuestamente mayoritarias. Tal vez a sus conocidas siglas, le podrían añadir una ”H” (de heterosexual) o una “M” (de “mayoría”, por ahora, de opción sexual)

Icemos las banderas de nuestras familias; de nuestros padres.

Y las nuestras                               

Opinión del Dr. Carlos León Roch

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